La culpa de las madres: libérate de esa carga de una vez por todas

La culpa de las madres: libérate de esa carga de una vez por todas
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Cuando nos convertimos en madres las emociones nos inundan. Muchas de ellas son maravillosas: amor como nunca, ternura como nunca... Sin embargo hay otras que no son tan bonitas: ser madre y empezar a sentirse culpable parece ser algo casi simultáneo. Pero como la culpa no sirve para nada bueno vamos a deshacernos de ella, ¿te apuntas?

Nota previa: Mucho se ha escrito sobre el sentimiento de culpa de las madres, incluido este artículo, y sobre la necesidad de eliminarla de nuestras vidas. Pero es importante que toda esa información no la convirtamos en presión.

Que sentirse culpable no es algo positivo es innegable, pero no debes fustigarte por ello si es que te sientes así, ¡faltaría más! Con este artículo lo que quiero es que veas que no estás sola y aprendas algunas herramientas para lidiar con el sentimiento de culpa, pero a tu ritmo, relajada, sin exigencias.

No tenemos que estar estupendas todo el rato o a la primera. Siempre, siempre, expectativas realistas, ¿de acuerdo? No somos súper-mujeres, ni queremos serlo.

No estás sola

Es muy posible que alguna de las veces en las que te has sentido culpable hayas pensado que es algo que te pasa a ti. Hay buenas noticias al respecto: no eres la única a la que le pasa, de hecho se trata de algo que “salpica” a casi todas las madres (y a muchos padres).

Seguro que estás pensando en eso de que “mal de mucho, consuelo de tontos”: vale, les pasa a casi todas las madres, ¿y qué? Bueno, decía que es una gran noticia porque sabiendo que es prácticamente una pandemia, algo frecuentemente asociado con la maternidad, puedes empezar a descargar parte de esa culpa.

Una de las cosas que nos suele pasar, para rematar la jugada, es que no solo nos sentimos culpables por este motivo o aquél (un poco más abajo tienes algunos de los motivos más frecuentes), sino que también (y esto es de traca) nos sentimos culpables... por sentirnos culpables. ¿Te ha pasado?

La culpa no sirve para nada

Madre Culpable

Una de las cosas que favorece que sigamos sintiéndonos culpables es que en el fondo pensamos que la culpa tiene una utilidad. Solemos ver la culpa como el faro que nos señala que algo no va bien y que debemos restituirlo, como la luz que nos alumbra en el camino a “hacer las cosas bien”.

Asociamos culpa con ética, y esa asociación no nos sienta nada bien. Porque, sorpresa, eso no es así: ni hace falta sentirse culpable para hacerse responsable de algo, ni la culpa “ayuda” a que hagamos “lo que hay que hacer”.

El sentimiento de culpa nos lleva a tener menos capacidad de reacción, de hecho: como nos sentimos mal y nos machacamos no somos capaces de tomar buenas decisiones al respecto, al menos no las mejores.

La culpa nos hace sentir mal, es la responsabilidad la que hace que hagamos algo para solventar o paliar la situación.

Me siento culpable por...

Repasemos algunos de los motivos más habituales por los que las madres nos sentimos culpables. ¿Te reconoces en alguno?

  • Por irme a trabajar en lugar de quedarme con el bebé.
  • Por quedarme en casa en lugar de irme a trabajar (¿Estaré tirando por la borda mi carrera profesional?).
  • No estoy atendiendo a mi pareja como antes (o como debería ser).
  • No lo estoy haciendo bien/No soy una buena madre.
  • ¿Y si quiero más a un hijo que a otro?
  • Porque a veces le dejo comer “guarrerías”.
  • Porque no tengo ganas de sexo.
  • Porque adoro a mi hijo, pero necesito tiempo para mi (o hay ratos en los que lo facturaría a la luna, o más lejos).

La lista de cosas por las que podemos llegar a sentirnos culpables es casi infinita. Vamos a ponerle fin.

Fuera culpa, fuera peso

mujer sobre cama de flores

La culpa es un peso que llevamos a la espalda que hace que todo sea más complicado. Y como precisamente la espalda es algo que las madres no tenemos muy allá, ¡con más motivo hay que hacer algo al respecto!

Vamos a deshacernos de la culpa de una vez por todas, de esa que tenemos desde que somos madres pero también de las otras culpas que tengamos (ya que estamos vamos a quedarnos estupendas, ¿te parece?).

1. Cuestiona tu/s culpa/s

La culpa nos hace daño porque “la compramos”, porque creemos a pies juntillas esas cosas que nos decimos al respecto, pero, ¿y si probamos a cuestionarlas?

Reflexión 1: además de mi porción de responsabilidad, ¿qué otras causas pueden estar detrás de esto que está sucediendo? No hay prácticamente nada que sea unicausal, casi todo en la vida se produce por la conjunción de varios factores, así que vamos a encontrar los que están detrás de tu situación, para que veas que no todo es “por tu culpa”.

Reflexión 2: ¿realmente por qué te estás sintiendo culpable? ¿Quién está marcando esos parámetros? ¿Se puede hacer algo al respecto? Y en cualquier caso, ¿la culpa te está sirviendo para algo en este caso?

2. Pasa a la acción

Si hay algo con lo que no te sientes bien, algo que te genera malestar, en lugar de sentirte culpable (que ya hemos dicho que es un sentimiento que no ayuda para nada) pasemos a la acción.

Abandonarse a los sentimientos solo da sensación de incontrolabilidad, de ir un poco a la deriva. Toma el control: ¿qué es lo que no me gusta o me hace sentir mal? Pues ahora voy a trazar un plan para cambiarlo.

Cambiar sensación por acción va a reducir el malestar, ya verás.

3. No eres la responsable última de la felicidad de tu hijo

Algunas madres sienten que son las responsables de la felicidad de sus hijos, y esa es mucha, muchísima responsabilidad. Tanta que ninguna persona sola podría con ella.

No es justo ni realista que te sometas a esa presión: tu hijo es una persona que poco a poco va a ir aprendiendo a gestionarse, una persona que vive en un mundo donde hay otros individuos que le aportarán (y también le restarán, claro) cosas. Está la familia, los amigos, el cole, los juegos, las risas...

Tu papel es acompañarle, quererle mucho, darle un punto de referencia, una toma de tierra para que se sienta seguro... Pero también la libertad para que se gestione y aprenda por su cuenta.

La felicidad, su felicidad, se compondrá de mil cosas, no te angusties con ello.

4. ¿Qué es ser una buena madre?

Una de las fuentes principales de la culpa son las expectativas o los estándares que nos hemos marcado nosotras mismas (muchas veces con ayuda externa, todo sea dicho).

El choque entre la expectativa, que no suele ser realista, y lo que luego sucede nos va a machacar. Así que es momento de revisar qué entendemos por ser una buena madre. ¿Implica ser una súper-madre? Te recuerdo una cosa: eres humana.

Ya has visto que sentirse culpable no sirve para nada bueno. Si hay algo que consideres que has hecho mal lo que debes sentir es responsabilidad, pero nunca culpa. Cambia la óptica y pasarás de sentirte mal por querer hacer, y ese es un gran, gran cambio. ¡Vamos a liberarnos de esa carga tan pesada!

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