Educar sin gritar es posible si te lo propones: ocho claves para educar a tus hijos sin gritos
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Educar sin gritar es posible si te lo propones: ocho claves para educar a tus hijos sin gritos

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Cuando gritamos a nuestros hijos les generamos, entre otras cosas miedo, tristeza, rabia, baja autoestima e inseguridades, soledad, ansiedades, mal ejemplo, estrés, ira agresividad, etc. Y aunque puedas pensar que a ti te gritaron y no te ha supuesto nada de esto, si reflexionas sobre ello seguro que te ves reflejado en momentos en los que pierdes los nervios y no sabes por qué los has perdido tan pronto.

Los gritos dejan huella en la personalidad de los niños y deberíamos evitarlos en la educación de nuestros hijos. Para conseguirlo, Tania García, fundadora de Edurespeta y autora del libro 'Guía para madres y padres imperfectos que entienden que sus hijos también lo son' nos da ocho claves para educar sin gritos. ¡Es posible!

No es fácil, supondrá un esfuerzo, pero sin duda el cambio es para mejor. Si te lo propones es posible erradicar los gritos en la forma de criar. ¿Qué podemos cambiar para lograrlo? Tania nos da algunas pautas para transformar esta realidad y educar sin gritar:

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Empatía: aprende a ponerte en el lugar de tus hijos

La empatía es la reina de todas las relaciones, sin empatía no puede existir una relación de verdad. Si no hacemos este ejercicio empático con los hijos, nunca podremos entenderlos y, por tanto, no sabremos qué necesitan en realidad y por qué actúan de un modo u otro.

Aprender a empatizar en todos y cada uno de los momentos, pero en los momentos difíciles todavía más, te ayudará a no dejarte llevar por tu ira, respirar, reflexionar y comprender que los niños son niños y aunque no podamos darle aquello que solicitan, sí los comprendemos y les apoyamos emocionalmente.

Debes dejar de mirar a tus hijos desde los ojos adultos, y por lo tanto, desde tus peticiones y deseos interiores adultos, y centrarte en su petición interior. Ellos ven la vida desde otra perspectiva y desde esa misma tendrás que empezar a mirar tú, para que todo esté cohesionado, tranquilo y positivo en tu hogar.

Por ejemplo, tu hijo de 7 años no quiere ir al colegio porque es viernes y está muy cansado de toda la semana y ahora llora desesperado pidiendo no ir. Sin empatizar, perderías la paciencia a la primera de cambio, le dirías que deje de quejarse que vais a llegar tarde, y que hay que ser responsable, aunque no se quiera. En cambio, si empatizas, reflexionas, y calmas tu primer impulso, simplemente tienes que dejar tus emociones atrás y conectar con las de él. Y aunque tengáis que ir al cole de igual modo, iréis unidos, sintiéndoos apoyados entre vosotros y él comprendido. La empatía te dará la llave para abrir todas las puertas.

Dar ejemplo: tú eres el espejo

Tú eres el espejo en donde tus hijos se miran, eres su guía, su más preciado tesoro. Es por ello que si tuviera que elegir una herramienta importante para educar a los hijos sería precisamente el dar un buen ejemplo.

A través del ejemplo podemos enseñar a no gritar, a tratar bien a las personas hasta en los momentos más tensos, a comer sano, a lavarse los dientes, a apoyar a las personas que amamos, a respetar a todos y a todo, etc. Nunca hagas con tus hijos lo que no te gusta que te hagan a ti, porque entonces ese es el ejemplo que estás dando. Y aunque somos humanos, hay límites que nunca se deben traspasar y de este modo enseñamos a nuestros hijos e hijas a no traspasarlos.

Conocer tus emociones adultas

Conoce y reconoce tus emociones y gestiónalas antes de que sea tarde. Los humanos somos seres emocionales, dependemos de nuestras emociones en todas las acciones que realizamos y en todas las situaciones que vivimos.

Cuando nos despertamos por las mañanas, sentimos; cuando hablamos con nuestra madre, sentimos; cuando vemos una película, sentimos, y, por supuesto, cuando nos relacionamos con nuestros hijos, sentimos. Es por ello que siempre debemos ser conscientes de lo que sentimos, de los motivos que tenemos para sentirlo y de lo que nos provoca aquello por lo que sentimos. 

Estar totalmente conectado con aquello que sentimos cuando nuestra hija de tres años pega a su prima en la reunión familiar es muy importante para gestionar correctamente la situación. Puedes estar pensando: “me da rabia que haga esto, me hace quedar mal, como una madre con una niña maleducada”. Si te dejas guiar por este pensamiento, vas acabar gritando enfadado. 

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Debes sentirlo y reconocer lo que te pasa interiormente también, debes tener un control sobre lo que te está pasando y sobre cómo gestionas la situación. Es importante conocer en profundidad lo que sentimos y el cómo se desarrolla exteriormente para poder ser amiga de los enfados de tus hijos aunque ahora te parezca imposible y tener por tanto, la tranquilidad y herramientas suficientes como para enseñar a tu hija lo que está bien y lo que está mal, ayudarla a frenar su agresividad o enfado, desde el sentido común, con buenas maneras, tono de voz adecuado y empatía.

No somos perfectos, pero sí podemos trabajar por ser cada vez mejores madres y padres y, por tanto, mejores personas.

Antes de estallar, reflexiona

La reflexión es casi imposible si no conocemos las propias emociones, por tanto, es importante ir consiguiendo objetivos y darse cuenta de que una cosa lleva a la otra.

Una vez que sabes lo que te pasa y por qué, eres capaz de auto controlarte, es el momento de respirar profundamente y reflexionar sobre si aquella situación es tan importante o grave o es algo puramente de niños y que solo me saca a mí de mis casillas por mi visión adulta.

Si es algo a lo que haya que ponerle atención, pues como padres debemos relajar nuestra emoción y solucionar el problema desde la empatía y la coherencia.

Acompaña las emociones de tus hijos

Debes ofrecerles apoyo emocional sea cual sea el motivo por el que enfaden, se frustren o exploten. Es esencial en la vida de nuestros hijos sentirse amados incondicionalmente tanto en las buenas como en las malas. Esto no significa que aplaudamos algún hecho incorrecto, pero sí que sientan que estamos ahí, que no compartimos su modo de expresar su enfado, pero que para eso estamos, para guiarles en el camino con sentido común y coherencia.

Cuando nuestros hijos pasen por momentos difíciles y de emociones intensas, hay que mostrar apoyo, dedicación y atención, contacto físico si lo aceptan, información real de lo que sucede, protección, palabras de comprensión y afecto, empatía, respeto, guía, sentido común y amor, mucho amor. El amor nunca es demasiado. Jamás debemos confundir el apoyo emocional con la permisividad

Diálogo positivo

Es importante ser consciente de que debemos respetar en todo momento a nuestros hijos, las palabras importan y no solo lo que les decimos, también el cómo. Hay que dialogar tranquilamente, con un tono de voz sosegado y positivo, mirando a los ojos y poniéndose a su altura.

Hay que darle explicaciones empáticas y que, a su vez, pueda comprender según en la etapa en la que se encuentre. Un diálogo en el que se desechen totalmente los gritos, las amenazas, los chantajes, las comparaciones y etiquetas que tanto daño hacen y que solo nos separan de nuestros hijos y de sus necesidades emocionales reales.

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Escucharlos desde el corazón

Muchas veces vamos con la agenda tan llena de quehaceres que se nos olvida escuchar a nuestros hijos activamente y desde el corazón. Si nos parásemos a escuchar a los niños desde una visión empática y desde la templanza, nos daríamos cuenta de tantos detalles y tendríamos tanta información valiosa para con sus emociones y su día a día. Escuchando mucho a nuestros hijos, sin juicios, podremos evitar muchas situaciones indeseables y de conflicto para con ellos.

Y si gritas, saber pedir perdón

Si no hemos logrado mantener el autocontrol a raya y hemos gritado o gestionado la situación de manera incorrecta, debemos pedir perdón. Todos valoramos mucho que las personas nos pidan perdón cuando se equivocan con nosotros, sin embargo, no solemos hacerlo con quienes más queremos: nuestros hijos. No temas pedir perdón, de esto modo es como aprenderán a pedir disculpas cuando sea necesario.

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