Estas navidades serán parte de los recuerdos de infancia de tu hijo: haz que sean inolvidables

Estas navidades serán parte de los recuerdos de infancia de tu hijo: haz que sean inolvidables

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Dicen que hay dos momentos en la vida en los que más se disfruta de la “magia” de la Navidad: cuando somos niños y cuando nos convertimos en padres. Vivir la ilusión a través de los ojos de tu peque es realmente alucinante, ¿verdad? Si quieres que tu hijo recuerde la Navidad como una época muy especial hay unas cuantas cosas sencillas que puedes hacer, ¡toma nota!

Espumillón, villancicos (en bucle, una y otra vez, una y otra vez), comprar los regalos, colas en las tiendas, visitas familiares... La verdad es que como adultos la Navidad no siempre es una época “de magia” pero... ¿recuerdas tus navidades de peque?

Seguro que ahora que tienes hijos quieres que ellos vivan la Navidad con ilusión, que sea un momento especial del año, ¿no es así? Pensar que con un poco de esfuerzo, tiempo e imaginación por nuestra parte, podemos hacer que nuestros peques recuerden, cuando sean adultos, estos días con cariño y, por qué no, un poquito de morriña, ¿no es maravilloso?

Puede que a priori pienses que “hacer esa magia” es algo farragoso o que requiere de bastante tiempo (un tiempo que no tienes porque ser padre no deja mucho margen), pero no es así, ya verás.

¿Qué podemos hacer para que las navidades de nuestro hijo sean especiales?

Anticipación y expectativas (buenas)

Las expectativas hacen que las cosas sean mejores o muy peores (depende de cómo las manejemos), así que para hacer que las navidades de tus peques sean épicas el mejor comienzo es ir generando expectación.

Pregunta: ¿qué hace que llegues con más ganas a comerte tu plato favorito en tu restaurante favorito? ¡La anticipación! Si sabes desde dos días antes que eso va a pasar... ¡serán dos días de relamerte pensando en ello! Aprovechemos esto para “ir caldeando el ambiente” a los peques.

Todos los preparativos que vayamos haciendo serán como señales que les van indicando que el momento se acerca.

Los calendarios de adviento, por ejemplo, son una forma de ayudar a los niños a orientarse en el tiempo y a, visualmente, hacerse una idea de cuánto queda. Además de eso, como incluyen una sorpresita diaria, habrá emoción extra todos los días hasta el día de Navidad.

Ojo, si las expectativas las hacemos enormes o si las focalizamos en lo puramente material (el día de abrir los regalos) ya no serán tan positivas.

  • Si son muy altas la realidad no va a poder superarlas, y entonces tu hijo, en lugar de alucinar, se va a llevar un chasco.
  • Si las centramos en crear hype por la llegada de Papá Noel y los Reyes Magos estaremos limitando su ilusión a un momento puntual y basando su “alegría” solo en los regalos.

Y precisamente de lo que hablamos es de crear recuerdos entrañables... Así que vamos a intentar ampliar el plano y no centrarnos solo en los regalos, por favor.

Tradiciones

Las tradiciones tienen algo que “nos reconforta”, que nos da como tranquilidad. No hay ambigüedad, sabemos lo que va a pasar, y nos gusta.

Los niños responden muy bien a las tradiciones porque les permite anticiparse a lo que va a pasar y eso les encanta. Como es algo que se repite, saben en qué consiste y qué hay que hacer en cada fase, por lo que pueden ser más autónomos e ir haciendo ellos parte de esas cositas, asumiendo cada vez más funciones, lo cual les encanta “porque son más mayores que el año pasado”...

A menudo asociamos tradiciones a “creencias”, especialmente en estas épocas, pero no tiene por qué ser necesariamente así: puede que en vuestra casa no queráis asumir ciertos aspectos de estas fechas pero os guste hacer algo especial... O puede que no estéis de acuerdo con nada de esto pero queráis que vuestros peques vivan algo “diferente” en las vacaciones.

Sea como fuere, sea en el momento que sea (estos tips son extrapolables a vacaciones de verano, cumpleaños o cualquier fecha del año), aquellas cosas que repetimos, que se convierten en tradiciones familiares, hacen que esos momentos sean especiales porque suponen una ruptura de la monotonía, del día a día, del cole-casa, casa-cole.

Ruptura de la monotonía

Como decía, las fiestas, sean las que sean, nos sientan fenomenal porque nos ayudan a romper la monotonía, el bucle del día a día que nos acaba atrapando a todos, ¿verdad?

Piensa: si en un par de semanas no hacéis nada especial y os quedáis en casa el finde, cuando echas la vista atrás, ¿no han pasado muy rápido?

Hacer cosas especiales también sirve para que en nuestra cabeza el tiempo vaya un poco más lento: si todos los días hacemos lo mismo la cabeza hace como un “pack”, un bloque, y hala, a otra cosa.

Sin embargo si en mitad de ese bucle, por ejemplo en Navidad, un día hacemos galletas con el peque y él mete los dedos en la masa (y lo mancha todo) y las decoramos juntos, será un día diferente, especial, y creará un recuerdo especial. Nadie recuerda los días repetidos, ¿verdad?

galletas de navidad

La verdadera magia

Con todas estas cositas tu hijo seguro que pasa unas navidades geniales, pero hay un extra, un toque final, la guinda, que hará que, de verdad de la buena, sean inolvidables: tú.

  • En lugar de comprar el calendario de adviento hazlo en casa con tu peque. Esto además de implicar tiempo juntos haciendo un proyecto común, que ya de por sí es motivo más que suficiente, te permite controlar qué sorpresas se incluyen en el calendario. Porque no todo tiene que ser chocolate ni juguetes, hay mil cosas que se pueden hacer para que la sorpresa de cada día sea maravillosa. ¿Qué se te ocurre?
  • La decoración de la casa: está claro que en temas de decoración si dejamos que sean los peques los que eligen nuestra casa en lugar del catálogo de Maisons du Monde va a parecer una zona post-apocalíptica, pero merece la pena hacerles partícipes de la historia. Id con el peque a comprar algún detalle cada año, una bolita más para el árbol que elijan ellos (o que la hagan ellos, que también mola), una figurita del belén... ¡Así además instauramos otra tradición!
  • El árbol de Navidad lo podéis montar en un momento los papis, y listo, o puede hacerse todo un evento de ello, uno que tu hijo recuerde con cariño. En lugar de ir con prisas para resolver la papeleta instaurar el día de “La gran decoración navideña”, ¡será todo un acontecimiento!
  • La carta a Papá Noel y los Reyes Magos la puede escribir cogiéndola de uno de los mil catálogos de juguetes que pueblan nuestros buzones estos días, pero también (mejor) podéis hacerla juntos. Compra cartulina, pegamento y purpurina... y ten lista la aspiradora para después, o tendrás purpurina en el salón hasta agosto.
  • Ese regalo especial: los niños ven cosas en los anuncios, en el cole hacen intercambio de ideas... vamos, que las fuentes de inspiración para pedir a los Reyes son infinitas, y normalmente tienen claro lo que quieren. Pero además de eso que está en su carta a papá Noel seguro que hay algo que tú, mamá, o que tú, papá, sabes que le va a alucinar. Pon la oreja en el día a día, escucha a tu hijo cuando te hable de sus cosas, llévale a sitios donde estén sus centros de interés... Eso ya de por sí es EL MEJOR REGALO, pero además hará que bajo el árbol haya, el día 24 o el día 6, algo que no espera, pero algo que le dice que los Reyes, en realidad, le conocen bastante bien.
niño adornando árbol de navidad

El esfuerzo que merece la pena

Papis, yo sé que a menudo la vida nos arrolla, que el día tiene las horas que tiene y nuestra lista de tareas pendientes tiende a infinito, pero...

  • Pero a los peques les da igual si tienen toda su ropa perfectamente colocada en el armario y si hay dos lavadoras pendientes.
  • Pero la vida se pasa y si no hacemos nada especial, pasa aún más rápido.
  • Pero hacerles la vida más bonita, aunque sea unos días al año, no lleva tanto tiempo.
  • Pero la ilusión en su cara, su felicidad, va a ser la gasolina que te haga tirar en esos días... más reguleros del año.
  • Pero tu hijo solo va a ser niño una vez... y no quieres perdértelo, ¿verdad?

¿Y además sabes qué? Que cuando uno está haciendo algo bonito por los demás, cuando preparas cosas que hacen felices a otros, especialmente si esos otros son tus hijos, uno se siente mejor. Y los marrones de trabajo importan menos. Y el michelín turronero no es tan terrible. Aprovecha, que el tiempo vuela.

Felices fiestas.

Fotos | Pixabay.com; iStock;

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