Navidad con el bebé: no invites, que te inviten

Navidad con el bebé: no invites, que te inviten

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Se acerca la Navidad y con ella se acercan las fechas en que la familia queda para cenar o para comer. Celebraciones con mucha gente en casa, mucha comida y mucho tiempo por delante. Estás pensando que, como cada año has invitado a tu familia a tu casa, este año tendrás que hacerlo también, es una tradición. Sin embargo algo te dice que podría no ser buena idea, y es que este año tienes un bebé en casa y no tienes claro cómo llevará eso de que haya tanta gente.

Pues bien, por una vez, no pienses demasiado en los demás y permítete ser un poco egoísta. Siempre has ofrecido tu casa y tu hospitalidad para pasar un buen rato todos juntos, pero este año no tiene por qué ser así, si por el hecho de juntaros todos tu bebé puede pasarlo mal y tú también. Vamos, que resumiendo, este año no invites a nadie, que te inviten a ti.

Navidad con el bebé

Pero si gente va a haber igualmente

Así a bote pronto parece que la cosa no cambia demasiado. La comida o la cena se celebra igualmente, hay la misma gente, el mismo barullo, al bebé lo van a coger las mismas personas, se van a hacer las mismas bromas y si el bebé se iba a poner nervioso en tu casa, en casa ajena se va a poner nervioso igualmente.

Visto por este lado es cierto que nada cambia. Pero es que eso no es todo. No es lo mismo estar en casa de alguien con mucha gente que estar en tu casa con mucha gente, porque cuando estás en tu casa eres el anfitrión (o la anfitriona si hablamos de mamá), quieres que todo esté a gusto para todos y no sólo te dedicas a ti y tu bebé, sino también a los demás.

La comida, además, no se hace sola, y aunque siempre hay alguien que te echa una mano para hacerla, es tu cocina, son tus cacharros, tú sabes dónde está todo y, quieras que no, acabas metida en el ajo con las manos en la masa. Y luego, claro, hay que recogerlo todo, y ya sabes que en casa, desde que está el bebé, no andáis sobrados de tiempo y energías.

No es lo mismo "vete" que "me voy"

Pero eso no es todo, y además no es lo más importante. La gran diferencia, lo que hace que el consejo sea ineludible, lo que te ofrece libertad máxima y autonomía total es que siendo invitados os podéis ir cuando os dé la real gana. Si montas una comida o una cena y el niño se pone de los nervios, por lo que sea, no puedes andar diciendo a la gente que se vaya (bueno, sí puedes, pero vaya marrón...).

Si en cambio estás en casa ajena y sucede, puedes coger al niño, a tu pareja y los bártulos, una vez ya habéis comido o cenado, entiendo, y omitir la eterna sobremesa en la que se van a explicar las mismas cosas de cada año (si estás en tu casa, todo lo que hacíais tú y tus hermanos cuando erais pequeños y si estás en casa de tu pareja, todo lo que hacían él y sus hermanos cuando eran pequeños), pidiendo disculpas para, ya en la "soledad" del camino y luego en casa, atender al bebé con tranquilidad, deseando que esa noche no te devuelva en forma de llantos y mal dormir el haber estado en un sitio con tanta gente y tanto ruido.

Foto | Laurie Redstone en Flickr
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