Cada niño es diferente (II)

Cada niño es diferente (II)
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Volviendo al tema de esta serie sobre el temperamento de los niños, es indispensable ser conscientes de que las diferencias del temperamento ya se pueden detectar en los bebés. Y es que, cada niño es diferente. Y debemos entenderlo y asumirlo, para no comparar ni minusvalorar el temperamento y las acciones de cada hijo.

Algunos niños se muestran muy sensibles a los cambios y disconformes con ellos, quejosos, influenciables a cualquier ruido, fácilmente se asustan o se enfadan. Sus pautas de sueño y alimentación no son previsibles ni regulares.

Luego llega el hermano, paciente, apacible, confiado y fácilmente contentable, regular en sus demandas de comida y sueño. Y los padres se preguntan si han cambiado en algo el trato, pero, aunque nosotros no seamos los mismos, también hay que aceptar que los niños son todos diferentes.

A medida que pase el tiempo seguirá siendo evidente que hay niños mucho más intensos, cargados de energía, vitales y físicos hasta extenuarnos, amigables, abiertos y adaptables. Otros serán reflexivos, exigentes con sus amistades y relaciones, disfrutan de la soledad y de la consecución de objetivos tomándose su tiempo para encajarlos en su vivencia.

Diferentes, con cien matices que todos mis intentos serían incapaces de explicar. Cada niño es diferente.

Las diferentes maneras de actuar y reaccionar

Los que se toman su tiempo y los lanzados, los emocionales y los racionales, los expansivos, alegres, melancólicos, tímidos, ensimismados, soñadores, artistas, concentrados. Todos diferentes y llenos igualmente de riqueza.

La calificación que hago quiero dejar patente que la uso siempre en términos positivos y es puramente explicativa sobre los temperamentos, a fin de expresar la diversidad de caracteres, nunca jamás como elemento transmisible al niño, pues calificarles les marca y los encuadra en un sistema, les dice que son así y no pueden cambiar. Así que, repito, los adjetivos son orientativos, nunca dirigibles a los niños.

Los padres seguramente si pueden darse cuenta de que sus hijos son diferentes en su capacidad de concentración, en la voluntad por objetivos, en la facilidad para distraerse, en el interés por lo nuevo. Unos son más enérgicos y otros más reposados. Y todo esto no supone problemas serios, sino temperamentos diferentes.

Sin embargo, si hay problemas de aprendizaje si es importante saber que razones puede haber en la conducta del niño. Yo, y no creo que a los lectores les asombre, soy muy crítica con el sistema escolar y la pedagogía habitual en las escuelas.

Hay niños manipulativos, activos y que necesitan variedad de estímulos y aprendizaje vivencial a los que la escuela más tradicional no favorece en nada pero que florecen en ambientes preparados para sus necesidades y límites, que les permiten aprender más libremente.

Exigir a un niño de tres o cuatro años muy activo que se pase la mañana haciendo fichas es una incongruencia y, en esos casos, yo creo que lo mejor es adaptarnos a las necesidades del niño y no adaptarlo a él a un sistema fijo.

El temperamento

Numerosos especialistas han indagado en los misterios de las diferencias en la personalidad y el temperamento.

Es especialmente interesante el trabajo de Alexander Thomas y Stella Chess , que incide en analizar la manera en la que los padres explican la manera de interactuar de sus hijos, tanto en la intensidad, la forma y los motivos de sus actos.

Asimismo, sus trabajos abarcan aspectos sobre la importancia decisiva de la personalidad y la automotivación para superar dificultades del entorno pero también de los rasgos de temperamento que constituyen riesgos para desarrollar problemas conductuales.

Estos autores hablan de niños con diferentes maneras de reaccionar al entorno y los cambios, los “fáciles” en la adaptación, los “difíciles”, que se adaptan con mayor resistencia y pueden manifestar mal humor ante las modificaciones de su vida, y los “lentos para animarse”, que al principio son tímidos y resistentes pero con paciencia reaccionan con positividad.

Clasificar temperamentos

La verdad, clasificaciones tan generales no creo que hagan ningún favor a los niños y actualmente, la atención de los psicólogos es mucho más global que esta clasificación tan general.

Pese a ello, el campo de las clasificaciones de los temperamentos y las maneras diferentes en las que reaccionamos a los cambios, los estímulos y los retos siguen pareciéndome fascinantes.

Volveremos a ellos pues además pueden tener mucha influencia en las relaciones familiares y la forma en la que nos comunicamos con nuestros hijos. Cada niño es diferente y aceptar la diferencia enriquecerá la vida de la familia.

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