La fontanela del bebé: todo lo que hay que saber

La fontanela del bebé: todo lo que hay que saber

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Seguro que a muchos os ha pasado, cuando ya tienes a tu bebé en tus brazos, que observándolo detenidamente, en esos momentos en que duerme plácidamente y el amor rezuma por tus ojos y tus sentidos, te das cuenta de que tiene en la cabeza un hundimiento, justo encima de la frente, que te hace pensar si eso es normal.

El día que vas al pediatra te das cuenta de que se lo tocan, y además se lo miden con los dedos, y entonces dicen algo así como "tres por tres" y ante tu pregunta te dicen que es normal que lo tengan, que se llama fontanela, que nada tiene que ver con las galletas María Fontaneda, aunque a ti te suene igual, que puedes tocarlo si quieres, aunque te da tanta cosita que mejor lo haces en otro momento, de nuevo en uno de esos en que el amor rezuma por tus ojos y tus sentidos, y que poco a poco se le irá cerrando. Esa es la información básica, pero como seguro que os interesa saber más sobre esa fosita en la cabeza, hoy os voy a explicar todo lo que hay que saber acerca de la fontanela del bebé.

Qué son las fontanelas

Para ponerlo un poco más complicado, empezaré hablando de fontanelas, así, en plural, porque resulta que el bebé no nace con una, sino que nace con dos fontanelas. La anterior, que es la más conocida, la más grande y la que tarda más en cerrarse (lo hace entre los 9 y los 18 meses, aunque los neurólogos suelen establecer el límite en los 24 meses) y la fontanela posterior, más pequeña y que cierra hacia el primer o segundo mes.

La cabeza de un bebé, su cráneo, está formado por seis huesos que se unen entre sí por las suturas, formadas por tejidos elásticos, fibrosos y fuertes, que poco a poco van haciendo que los huesos se vayan soldando entre sí. Un recién nacido no tiene los huesos soldados por una razón muy obvia: su cabeza tiene que crecer, y con ella su cerebro. Al no existir esa soldadura, en los espacios donde están las suturas podemos encontrar puntos blandos, zonas sin hueso, que son las que conocemos como fontanelas.

Además de permitir que la cabeza vaya creciendo sin problemas, las fontanelas tienen un papel primordial en el nacimiento del bebé. Gracias a ellas la cabeza puede comprimirse a la hora de nacer, llegándose a superponer unos huesos con otros y permitiendo así que la cabeza pase por el canal del parto sin dañar el cerebro.

Midiendo la fontanela

Como he comentado, los pediatras y enfermeras nos dedicamos en cada visita a medir la cabeza del bebé para ver que crece, y a medir la fontanela anterior, para confirmar que sigue abierta. Una medida habitual en el recién nacido es tres por tres, que equivale a tres dedos en una dirección y tres en la otra (la fontanela es un hueco que más o menos tiene forma de cruz), aunque a veces puede medir un poco menos o un poco más.

Si estuviera muy abierta sería necesario hacer una ecografía craneal, para confirmar que no se debe a un aumento de líquido en el cerebro o a algún problema similar.

Si estuviera muy cerrada habría que valorarlo también, por el riesgo de que en pocas semanas o meses se produjera una craneosinostosis, que es el cierre prematuro de las fontanelas, o sea, la unión de los huesos del bebé antes de tiempo, que debe ser intervenida para que la cabeza y el cerebro puedan seguir creciendo.

En cada revisión posterior se vuelve a medir la fontanela y se va observando cómo se va cerrando hasta que en algún momento más allá de los nueve meses se deja de palpar. La mayoría de niños la tienen cerrada antes de los 18 meses y algunos la tienen aún hasta casi los dos años. Si llegan a esas edades aún con la fontanela abierta podría ser recomendable la suplementación con gotas de vitamina D, además de recomendar menos techo y más cielo (o sea, más actividades en el exterior), por si hubiera déficit.

La veo latir

Sucede a veces que observando la cabecita de nuestros bebés nos damos cuenta de que su fontanela está latiendo, sube y baja con el latido del corazón. Es algo normal, pues se trata de una zona que está muy vascularizada.

Fontanelas abultadas

El hecho de que sea normal que tengan fontanela no quiere decir que nos tengamos que olvidar de que la tienen, pues el aspecto que tenga nos puede dar pistas de que puede haber algún problema. Como ya he comentado el tamaño es importante y por eso se mide en la consulta de pediatría, pero eso no es todo, porque la fontanela se puede abultar y se puede también deprimir.

En caso de verla abultada puede haber algún problema, pero esto tiene que verse de manera continua, no en un momento puntual. Me explico: la fontanela puede verse abultada, como salida hacia afuera, cuando lloran, cuando vomitan o cuando están tumbados. Si los tenemos erguidos, están tranquilos y la fontanela vuelve a estar ligeramente hundida no hay nada de qué preocuparse. Si en cambio la fontanela sigue abultada con el niño tranquilo deberemos solicitar valoración médica porque puede deberse a un aumento de líquido en el cerebro (hidrocefalia) o a algún tipo de inflamación del cerebro, normalmente secundaria a infecciones (encefalitis, meningitis,...), que suelen acompañarse de otros síntomas.

Fontanelas deprimidas

En caso de que la fontanela esté deprimida, hundida, más de lo habitual, deberemos sospechar deshidratación o desnutrición. Si es un bebé pequeñito, será signo de que no está comiendo lo suficiente, o mejor dicho, que no está comiendo prácticamente nada. Hay que llevar al bebé al pediatra para que lo valore y hay que buscar ayuda para la madre si está dando el pecho (pero primero va el bebé, claro). Si la causa es una gastroenteritis y el bebé está vomitando y tiene diarrea, ante el signo de deshidratación será también necesario acudir al médico con relativa urgencia, por si es necesario administrar suero.

Foto | Honza Soukup en Flickr En Bebés y más | ¿Qué son las fontanelas?, ¿Cuándo se cierra la fontanela del bebé?, Deshidratación en la infancia

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