Encuentran el modo de saber si un bebé tendrá un trastorno del espectro autista

Encuentran el modo de saber si un bebé tendrá un trastorno del espectro autista

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Dicen las cifras que uno de cada 150 niños está dentro del Espectro del Autismo. Se considera que es, hoy por hoy, la discapacidad infantil de mayor prevalencia, y por eso los investigadores siguen tratando de encontrar las causas, así como de adelantar todo lo posible el diagnóstico para iniciar los tratamientos de manera precoz.

Sobre esto, sobre la posibilidad de diagnosticarlo antes, es la investigación que hoy os mostramos, que supone un importante avance puesto que han encontrado el modo de saber si un bebé de riesgo tendrá o no un trastorno del espectro autista.

Saber antes de que haya signos si será diagnosticado

Tal y como leemos en ABC, científicos de la Universidad de Washington, en Seattle (EE.UU.), han encontrado la manera de predecir si un bebé con riesgo de desarrollar el trastorno será ciertamente diagnosticado al cumplir dos años o más.

En la actualidad, el diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA) es relativamente complejo en los primeros años de vida, porque hay diferentes grados de trastorno (por eso se le llama espectro), y porque no es fácil apreciarlo hasta que el niño no llega a un punto de maduración en el que debería ir avanzando, pero no lo hace según lo esperado.

Por esta razón la edad mínima de diagnóstico suele ser entre los 18 meses y los dos años, siendo lo habitual que suceda entre los tres y los cuatro años. Esto hace que muchos niños pierdan un tiempo precioso de intervenciones, estrategias y tratamientos de apoyo con los que podrían evolucionar mejor, en una época clave para el desarrollo.

Estudiando a los hermanos de alto riesgo

Cuando un niño tiene TEA, se considera que sus hermanos pequeños tendrán un alto riesgo de ser diagnosticados con el mismo trastorno, y gracias a ello se ha podido llevar a cabo esta investigación. Los autores de este estudio efectuaron pruebas de imagen de los cerebros de 148 niños, divididos en tres grupos.

En uno de ellos había 15 niños con alto riesgo de autismo, que acabaron siendo diagnosticados al cumplir dos años; en otro había 91 niños con alto riesgo de autismo que no recibieron tal diagnóstico; y en el tercer grupo analizaron a 42 niños con bajo riesgo, que tampoco fueron diagnosticados de TEA a los dos años.

Vieron, en los escáneres cerebrales efectuados a todos los niños a los 6, 12 y 24 meses de vida, que los niños con hermanos mayores con TEA que acabaron siendo diagnosticados también, experimentaron una hiperexpansión del área de la superficie cerebral entre los seis y los doce meses de vida. Además, vieron que ese aumento de superficie cerebral se volvía a producir después de los 12 meses de vida.

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Además, analizaron el comportamiento de todos los menores y sus capacidades intelectuales, y tras el estudio de todas las variables concluyeron que con todo lo estudiado eran capaces de predecir si un bebé de 6 a 12 meses de alto riesgo será diagnosticado a los 2 años, con una fiabilidad del 80%.

Pero 80% deja bastante margen de error

Así es. Aún queda un 20% de posibilidades de errar en la previsión. Sin embargo, hablamos de un gran avance. Hasta la fecha, uno de los métodos para adelantar el diagnóstico era la observación de los ojos del bebé en los primeros meses de vida y en adelante, pero el número de falsos positivos puede ser elevado, porque muchos niños podrían no tener un TEA en realidad.

Annette Estes, co-autora de la investigación, que se ha publicado en la revista Nature, explica así el hallazgo:

Por lo general, la edad más temprana a la que somos capaces de diagnosticar el autismo es a los dos años, cuando los síntomas del comportamiento son aparentes. Sin embargo, y dada las disparidades en el acceso a la atención, la edad promedio del diagnóstico del autismo en Estados Unidos se establece en los cuatro años. Pero en nuestro estudio hemos sido capaces de identificar a los bebés que posteriormente serán diagnosticados de autismo con el uso de biomarcadores a las edades de seis y 12 meses.

Cuando el trastorno es diagnosticado entre los 2 y los 4 años de edad, los niños afectados suelen encontrarse por detrás de sus homónimos en términos de habilidades sociales, comunicación y lenguaje. Y una vez se han perdido estas características esenciales del desarrollo, el equipararse con sus compañeros supone un gran esfuerzo para muchos niños con autismo. Una tarea que, además, puede resultar casi imposible en algunos casos.

Así, estamos ante un gran avance que esperemos sirva de lanzadera para que pronto lleguen nuevos métodos diagnósticos y, quién sabe, incluso que se conozca la causa de que en estos bebés se produzca ese cambio en su estructura cerebral.

Fotos | iStock
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