No, ningún bebé ha muerto (ni morirá jamás) por no comer gluten

No, ningún bebé ha muerto (ni morirá jamás) por no comer gluten

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Ayer mismo nos hacíamos eco de la noticia: un bebé falleció con 7 meses de vida, con un peso de 4,3 kg, porque sus padres fueron tremendamente irresponsables a la hora de alimentar a su bebé, y al no acudir en ninguna ocasión a profesionales médicos que le hicieran un diagnóstico de sus alergias (si es que las tenía) y de su estado general de salud.

Por desgracia, esta misma noticia está dando vueltas por la red, en muchos medios, dándose a entender que la culpa de todo la tiene el gluten, o en este caso, la ausencia del mismo en la dieta de Lucas, el bebé. Sin embargo, no solo es mentira, sino que es imposible, porque nadie muere por no comer gluten. Es decir: No, ningún bebé ha muerto (ni morirá jamás) por no comer gluten.

¿Pero qué están diciendo los medios?

Una simple búsqueda en internet nos arroja estos titulares tan ilógicos:

Ante esta situación, yo mismo puse en un primer momento la palabra gluten en el titular, antes de saber exactamente qué había pasado. Luego redacté el post, dando por sentado que el gluten no tenía ninguna culpa, pero se me quedó "el gluten" en el titular. En cuanto me di cuenta lo quité, porque como expliqué en el cuerpo de la noticia, si el niño estaba malnutrido era porque nunca recibió una leche adaptada adecuada para su edad y sus necesidades, y porque la aversión de los padres a los médicos era tal, que incluso cuando estaba grave prefirieron hacer un viaje en coche para que lo visitara un homeópata, antes que ir a un hospital. Así, cuando por fin acudieron a uno, Lucas ya había muerto.

¿Es peligroso comer sin gluten?

El gluten es una proteína que forma parte de algunos cereales, y en consecuencia también de los productos derivados de estos. Los cereales que contienen gluten son: trigo, centeno, cebada, escanda, espelta, triticale, farro, kamut, espelta verde, bulgur y avena.

El gluten, como nutriente, no aporta nada a nuestro cuerpo, así que si se pudiera eliminar de estos cereales, tendríamos una salud estupenda sin ningún riesgo de carencias ni nada por el estilo. Pero no se puede, así que la alternativa actual al gluten es consumir cereales que no lo contengan, como maíz, arroz, quinoa, trigo sarraceno, mijo, etc.

El problema es que muchos de los productos habituales en nuestra dieta: el pan, la pasta, las galletas, la bollería, se hacen con cereales que tienen gluten, y los sustitutos elaborados "sin gluten" tienen más azúcar y están más refinados aún que la versión con gluten. Esto hace que acaben resultando menos saludables (además de más caros). Así, el único peligro de hacer una dieta exenta de gluten es el de sustituir los alimentos por otros menos sanos, en vez de aumentar el consumo de frutas, verduras y legumbres, que sería lo más lógico.

No, ningún niño ha muerto por no comer gluten

Comer sin gluten no es peligroso

Por eso ningún bebé ha podido morir por comer sin gluten y por eso ningún niño morirá jamás por no ingerir los alimentos que no lo contienen. Solo hay que tener en cuenta esto: que la dieta sea variada y equilibrada.

Es más, la recomendación actual a la hora de introducir el gluten en la dieta es que se ofrezca a partir de los seis meses, con una única cuestión a tener en cuenta: no ofrecer mucha cantidad en los primeros días. Si un niño come solo, si hace Baby-led Weaning, es casi imposible que suceda. Pero si se le dan cereales en papilla, entonces sí puede suceder.

Puede ofrecerse el gluten desde los seis meses, siempre que los primeros días no se dé una gran cantidad de gluten

El bebé de la noticia tenía 7 meses y pesaba 4,3 kg. Hay miles de bebés de 7 meses que no han probado aún el gluten, y hacia diez años eran prácticamente todos, porque la recomendación en aquella época era la de empezar con el gluten hacia los 7-9 meses porque se creía que ayudaba a disminuir el riesgo de celiaquía.

Luego se vio que no, que en realidad lo que ayudaba era que se diera al mismo tiempo que el bebé era amamantado, y entonces se empezó a decir que mejor a partir de los 6 meses (y a veces incluso antes), y que se diera muy poco a poco, dando cada día una cantidad baja y aumentando de semana en semana.

Y al final vieron que tampoco, que la lactancia materna y el darlo fraccionado tampoco ayudaba en nada, así que hasta que haya nueva evidencia, la recomendación actual es la que hemos dicho: darlo a partir de los seis meses sin pasarnos en las primeras tomas. Pero sin que pase nada por que se le ofrezca a un niño de 7 o más meses por la razón que sea, sin que eso suponga ningún riesgo para su vida, como es lógico.

Fotos | iStock
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