"¿Quiénes somos los padres para vetar los sueños de nuestros hijos?" Hablamos con Fanny, madre de un niño que desea ser bailarín

"¿Quiénes somos los padres para vetar los sueños de nuestros hijos?" Hablamos con Fanny, madre de un niño que desea ser bailarín

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Cuando Diego le dijo a su madre que quería hacer ballet, ella no se lo pensó dos veces y le matriculó en la academia. Apoyar a su hijo, fuera cual fuera su sueño, era su principal objetivo y a pesar de que el camino no ha sido fácil, Fanny está orgullosa de que su pequeño pueda estar cumpliendo su mayor deseo.

A Fanny se le rompen las manos de aplaudir a su hijo cuando sube al escenario. Atrás quedan los comentarios de quienes consideran que "los niños no pueden hacer ballet porque eso es cosa de chicas", e incluso las críticas mordaces de algunos compañeros de colegio. "Si mi hijo quiere hacer baile, hará baile" - sentencia su madre sin ningún atisbo de dudas. Hemos querido hablar con Fanny sobre esta experiencia y compartir una historia de esfuerzo, motivación y apoyo incondicional.

"Mi hijo nació de puntillas"

Hablar con Fanny es hablar con una madre orgullosa, que presume de su niño y cuenta su historia emocionada. Fanny tiene cuatro hijos: Enma, los gemelos Diego y Jose y el pequeño Miguel pero, como ella misma confiesa, "Diego siempre ha tenido una sensibilidad especial y diferente a la del resto de sus hermanos".

Diego Y Sus Hermanos Fanny con sus cuatro hijos

Cuando le pregunto cuál fue el momento en que Diego decidió hacer baile, Fanny me dice que fue algo que supieron desde siempre:

"Mi hijo nació de puntillas" - bromea. "Pasó de estar tumbado y hacer la croqueta a ponerse de pie, pero siempre lo hacía de puntillas. Al principio temíamos que ese gesto tan característico suyo fuera provocado por un problema, como tener los tendones cortos. Pero tras muchas pruebas, los médicos me dijeron que se ponía así porque quería"

"Y lo cierto es que en todas las fotos de su primera infancia siempre le pillábamos de puntillas y recto como un palo. Siempre tuvo la típica pose de bailarín que a todos nos sorprendía".

Una petición que no todos entendieron

Cuando Diego comenzó su ciclo de Infantil rogó a su madre que le apuntara a ballet, pero Fanny consideraba que con tres añitos era aún muy pequeño para comenzar con actividades extraescolares, por lo que le prometió que más adelante le apuntaría.

Las ansias de Diego por aprender a hacer ballet iban en aumento, hasta tal punto que una de sus películas favoritas con apenas cuatro o cinco años era "Billy Elliot", un film británico que narra el deseo de un niño de 11 años de aprender a bailar a pesar de tener la oposición de su familia.

"Cuando comenzó Tercero de Infantil fue cuando empezamos a plantearnos muy seriamente matricularle en clases de ballet porque Diego nos lo pedía una y otra vez. Pero en aquel momento me encontré con la oposición de mi marido, que consideraba que el hecho de que el niño hiciera baile podría marcarle y perjudicarle frente a otros compañeros.

"Pero yo tuve muy claro que yo iba a apoyar a mi hijo y que si quería hacer ballet, aunque el resto del mundo no entendiera su decisión, en mí encontraría apoyo siempre"

Fanny Y Diego Diego y su madre en clase de baile

Así que cuando el niño comenzó el ciclo de Primaria, Fanny decidió matricularle en la escuela de su municipio a pesar de que no contaba con el apoyo expreso de su marido, a quien le costó aceptar el deseo de su hijo. Lo mismo ocurrió con una parte de la familia, que mostraron absoluta indiferencia ante la noticia, e incluso con su hermano gemelo Jose.

"Jose y Diego son hermanos en papel, como yo digo, pero tan diferentes como la noche y el día. Por eso, tuve que sentarme a hablar con Jose y explicarle que su hermanos quería hacer ballet, y que teníamos que respetarlo y apoyarlo porque era importante para él que su familia estuviera a su lado"

"A Jose le llevó tiempo también aceptarlo, y al principio mostraba una gran indiferencia hacia él. Hasta que le vio actuar sobre el escenario y se emocionó" - recuerda orgullosa.

La actitud de compañeros y profesores

La primera vez que la profesora de ballet supo que tendría en su clase a un niño se emocionó, pues hacía muchos años que no tenía a un chico entre sus alumnos. Fanny cuenta que la relación entre ella y Diego es estrecha y muy especial. Ambos se adoran y se entienden perfectamente.

Por su parte, las niñas compañeras de Diego están encantadas y le acogieron con mucho cariño y respeto.

Diego haciendo ballet

"El problema lo tuvimos con sus compañeros de colegio, ya que cuando se enteraron de que fuera del cole Diego hacía ballet, comenzaron a reírse de él, a criticarle y a decirle que el baile era cosa de niñas" - se lamenta Fanny.

"Mi hijo es altamente sensible y le afectan mucho los comentarios negativos del entorno, por lo que tuvimos que trabajar con él e incluso comentarlo a su tutora y a la orientadora del centro para que pusieran remedio a este problema. Hoy en día, con tanto bullying como hay, este tipo de comentarios y comportamientos no deben tolerarse"

Y así fue como el colegio tomó cartas en el asunto, y los profesores decidieron impartir charlas con los alumnos en las que les decían que tanto los niños como las niñas podían ser lo que quisieran ser, y que nadie debía oponerse a ninguna decisión.

"También he tenido algún problema puntual con alguna madre de niñas que van con él a clase porque sólo hay un vesturario para que los alumnos se cambien, y no quieren que mi hijo se cambie en él con el resto de las niñas. Pero no me gusta discutir así que optamos por salir de casa ya vestidos con la ropa de ballet y un chandal encima" - comenta Fanny.

"Yo voy a muerte con mis hijos y los apoyaré siempre; ya quieran hacer ballet, futbol o tenis. A mí me da igual lo que diga el resto del mundo"

La felicidad de cumplir un sueño

Diego Diego feliz en su clase de baile

"Cuando mi hijo va a baile va feliz, lo disfruta y se le da muy bien. Cuando sale de clase su cara es de auténtica felicidad y pasión". Pero la pasión de Diego por el baile no sólo se limita al momento presente pues este pequeño, con tan sólo siete años, tiene muy claro que quiere dedicarse al baile de manera profesional.

"El año pasado hablamos mucho sobre el futuro porque su profesora fue la primera que nos dijo que Diego estaba hecho para bailar. Su cuerpo, su actitud y su entrega lo predisponen de una forma muy clara para la danza y nos dijo que si decidíamos meterle en el coservatorio oficial, tendría muchas papeletas de triunfar en este mundo porque hay muy pocos niños dedicados al ballet".

Pero por el momento, Diego continuará yendo a clases en la pequeña escuela municipal, aunque Fanny no descarta matricularle en el consevatorio en un futuro cercano si sigue demostrando la misma pasión.

"Cuando le preguntas a Diego cómo se ve en un futuro, te dice que en Londres, bailando el Lago de los Cisnes en el Royal Ballet. ¿Y quien soy yo para vetar su sueño?"

El orgullo de una madre

Fanny recuerda el día en que su hijo debutó por primera vez en el escenario. Asegura que no había madre más orgullosa que ella y que sus silbidos desde las gradas podían escucharse a varios metros de distancia.

"Lloré mucho cuando le vi por primera vez bailar. Su profesora les había dicho que tenían que sonreír cuando salieran al escenario, pero a Diego no le hizo falta que nadie le recordara esta premisa porque mi hijo salió al escenario con una sonrisa que no le cabía en la cara" - recuerda emocionada.

"Estoy muy orgullosa, tanto por él como por mí, porque se que estoy haciendo lo correcto apoyándole en su sueño, aunque el entorno no siempre lo haya puesto fácil".

Zapatillas Baile

Cuando le pregunto a Fanny por los consejos que daría a otros padres que estén viviendo una situación similar, ya sea con el ballet o con cualquier otra actividad o sueño que sus hijos anhelen, me dice firmemente: "Paciencia y apoyo incondicional".

"Lo que necesita saber cualquier niño es que sus padres van a estar ahí siempre, apoyándole y animándole en lo que sea que quiera ser o hacer, si eso le hace feliz. Y además hay que tener paciencia, porque puede no ser fácil. Quizá tropiecen con algo que nosotros veíamos venir, pero tenemos que dejarles porque el tropiezo deben dárselo ellos y nosotros estar a su lado para ayudarles cuando se levanten"

"Mi hijo sabe que me tendrá siempre a su lado. Para comprarle unas nuevas zapatillas cuando las rompa, coserle las medias o preparar los trajes para su función de ballet. Voy a estar siempre, para lo bueno y para lo malo".

"Y si su sueño en un futuro está fuera de este país, me planteo más cambiar mi vida y apoyarle, que negárselo para conseguir mi comodidad y tranquilidad"
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